miércoles, 15 de septiembre de 2010

Poesia - A una musa

A una musa muy particular...

Niña mimada que apenas despiertas a la vida
El mundo se aparece ante ti como un espejo gigante
Y frente a tu joven horizonte hay tanta variedad de formas,
De colores que poco a poco lograrás colocar en su lugar.

Son hermosos tus ojos...
Cual universos se expanden hacia el infinito
Y tu boca semeja un oasis
De néctar fresco y dulce savia llena de pasión.

Te presentas recién a mis confines circunscritos de mediodía
Como una musa graciosa y virginal
Que trae ofrendas de inspiración vivas y lozanas
Cargadas de glosas y sonidos puros para cosechar.

Hay tanta distancia entre nuestros mundos
El absurdo Cronos nos ha jugado su triquiñuela
Los ríos convergen arteros sentidos opuestos
Que hasta las huellas de mis pasos se pierden en lontananza.

Son inexpugnables los días y las noches
La lejanía cósmica abarca su imposible eternidad
Para ti asoma la mañana diáfana y abundante de sol
Para mí la tarde empieza su inclaudicable búsqueda del ocaso.

Esotérica pregunta, escurridiza, inexorable
Pasa cercana escrutando los mares de dudas
Que circundan las periferias de mi mente
Pretendida ignorancia de falacias sutiles

Un instante en la superficie de la piel
Que envuelve tu cuerpo frágil y pueril
Me obliga a replantear los viejos esquemas
Corroídos en la suma de mi existencia pretérita

Deidad imposible de mi crepúsculo tardío, callado.
Mariposa en movimiento constante y furtivo
Esparces fragancias cristalinas de polen en marcha
Diseminando huellas que me arrastran apasionado.

Corro sumiso hacia el sur de tus alegres alturas
En busca de la contradictoria paz que emana desde
Tu volátil floresta germinante de semillas de vida
Para deleitarme en las tibias aguas del hierático manantial.

Inicias tus pasos seis lustros después de mi primer paso
Es cruel el destino que nos mueve ad libitum
No hay como burlar su infranqueable voluntad
Las voces absurdas cargarían su ingente rumor de estulticia

Tan solo la ruptura de todo argumento podría causar estupor
Pero el camino es sinuoso y la batalla larga, quasi infinita
Cada día sangraría su cuota de espanto y de dolor moriría la espina y la flor
Pues el peso de la tradición es casi la traición a la insólita verdad del amor.

Me perdería extasiado en la fruición por mi prurito de pasión
Solitario seria el devenir de mi postrero tiempo
Y en la Arcadia de mis días reposaría mi sentimiento vano
Moviéndose tenue como brisa y tórrido como fuego... eterna contradicción.

Solo los años te darán la plena luz del panorama
Y el paisaje surrealista trocará hipe realista.
Cada pigmento y cada sonido retornarán a su fuente primaria
No hay palabras... no hay adiós... solo silencio.

En los valles de tu mundo nuevo y en las cimas por alcanzar
Larga jornada te espera en busca del conocimiento ulterior
Que te espera allende toda acción de escrutamiento superior.
Perenne fantasía de aguas cristalinas, aquí o allá, ha de reposar.

Majestuoso silencio de aves que carcomen el Universo
Asombradas ante la belleza exótica de tan pueril Hacedora de Sueños
Mustios mis ojos se cargan de reminiscencias idas, pretéritas, vencidas
Que revoloteando mis patios y mis techos duros cual diamantes

Evocan las terribles voces perdidas en los laberintos del tiempo
Ansiosas de batallas y rebosantes de poder... resignadas hacia el fin
Remanso perfecto de utopías y quimeras construidas en los siglos
Del remoto inicio y de la postrera despedida... alfa y omega...

A Silvia
Oscar Artavia Diciembre 2000
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